Desde el puesto del copiloto Ed. 1

Ruta 40

Volví a la ruta después de 8 meses de cuarentena

Estoy saliendo por la misma ruta que entré a El Calafate. Las montañas se ven diferentes, más verdes, el olor del aire es más húmedo y los ríos más azules. Cuando pasé por acá por primera vez, era verano, hacía calor y las montañas se veían secas, ahora, 8 meses después, es primavera.

Muchas cosas han cambiado desde ese entonces, por ejemplo, ahora veo los cerros y los ríos cristalinos con ojos de agradecimiento. Si antes me sorprendía fácilmente, ahora no paro de repetir “WOW, BRUTAL” con pequeños detalles como un pajarito volando al lado del carro o una montaña con punta nevada.

Ahora estoy sentada en el puesto del copiloto, mirando por la ventana y se me vienen muchos pensamientos a la cabeza, uno de ellos es: “mi familia no me va a reconocer cuando vuelva a verlos”. No tanto por el físico (aunque tengo unos kilitos de más y unas cuantas pecas extra) sino por lo distinto que tengo el corazón.

Dicen que un viaje largo te cambia, sólo si estás dispuesto a cambiar. Un viajero experimentado que conocí en Ecuador, tendría unos 60 años, viajaba en un motor home por todo Suramérica, ya llevaba viajando un buen tiempo, me dijo algo que se me quedó dando vueltas en la cabeza hasta el día de hoy: cuando regresas de ese largo viaje y ves que todo sigue igual a como lo dejaste, que solo tú eres diferente, el choque es fuerte, tristemente a algunos se les olvida lo que vivieron y la rutina te vuelve a consumir.

Yo solo le ruego al universo que esta forma en la que estoy viviendo mi vida sea para siempre. Que me ayude a inspirar a otras personas a salirse de su zona de confort y que, a la vez, yo nunca vuelva a caer en ella. Que me ayude a seguir con este estilo de vida hasta que me muera, una vida poco materialista donde prime la naturaleza, el amor y sobre todo, la tranquilidad.

Hoy puedo decir que haber vivido una cuarentena de 8 meses en un lugar tan remoto como lo es El Calafate ha sido una de las experiencias más motivadoras y de las que más he aprendido. Salí vegetariana, amando el ejercicio, viví en la nieve, aprendí a meditar, me metí a lagos congelados, dejé de fumar, en fin.

Estoy segura que voy a volver, visitaré los cerros que caminé, vendré en otoño o tal vez en invierno, volveré a patinar sobre el lago congelado y volveré a hacer un asado con mi familia calafateña. Pero, sobre todo, volveré a abrazar, muy fuerte, a Milton y a Rulo.

Milton y Rulo

Hacemos 1.500km en Cuarentena – La policía nos escolta

1 Comments on “Desde el puesto del copiloto Ed. 1”

  1. me encantó leer tu pensamiento, me inspira muchísimo y me encantaría salir y poder vivir esas pequeñas cosas que te hacen tan grande, sigue así yo te sigo en tu nueva forma de vida!!!!

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