Camping en la Laguna 69, Parque Nacional Huascarán

Una aventura hacia lo desconocido, cómo acampar por cuenta propia en el Parque Nacional Huascarán

Era un Domingo a eso de las 11am, estábamos en Huaraz, Perú, llevaba una semana enferma, me había dado la famosa “diarrea del viajero”, me dio por tomar agua de la llave en Máncora (o eso creo). Así que esa semana nos habíamos dedicado a descansar, adaptarnos a la altura y mejorarnos físicamente para poder salir a acampar. También me estaba terminando de recuperar de una fractura en el pie (sí, a las dos semanas de empezar mi viaje me fracturé el pie, ¿Así o más salada?, pero esa es otra historia que después les contaré bien).

Ricky ya estaba desesperado en el Hostal, lo entiendo, llevábamos una semana sin salir mucho y al final yo era la que había estado enferma. Así que, a las 11:30, le dije: “creo que ya me siento mejor, vamos a acampar en el Parque Nacional Huascarán para poder subir mañana a la Laguna 69”. Me miró con cara de incrédulo y me dijo “¿estás segura?” y yo sin pensarlo mucho le dije “si, ya voy a ir a comprar algunas cosas para comer.”

Cuando fui al supermercado me dio algo de susto, ¿Qué tan horrible puede ser que te de diarrea en la mitad de una montaña acampando? Sin embargo, me dije a mi misma: “ya no sientes malestar, ya no tienes indigestión, la pastilla te hará efecto”, creo que me lo dije tantas veces que me lo creí (igual me llevé mi buen rollo de papel higiénico por si las moscas).

La verdad no encontramos mucha información en internet acerca de: “cómo ir, por cuenta propia, a acampar al Parque Nacional Huascarán” (en ese entonces andábamos con mochila). Así que nos tocó aventurarnos y llegar a la antigua: preguntando.

Parque Nacional Huascarán, Perú

A la 1pm ya estábamos tomando un colectivo que nos llevaría hasta Yungay, el pueblo más cercano al Parque Nacional Huascarán. Cuando llegamos a Yungay nos dimos cuenta que todavía estábamos muy lejos. Desde este pueblo salen colectivos que cruzan el parque, salen todos los días, pero, justo los domingos ,solo sale hasta la 1:30pm (ya había salido el último). Por suerte encontramos otro colectivo que, atravesaría el parque para llevar unos maestros hacia el próximo pueblo, así que esperamos hasta las 4pm para ir con ellos.

Huaraz – Yungay (2 dólares)
Yungay – Cebollapampa (campamento dentro del parque) (8 dólares)

En el camino empezó a llover, primero fueron pequeñas gotas y luego empezó una lluvia torrencial. La verdad yo tenía angustia, estábamos en la mitad de un parque natural que no conocíamos, ya se estaba empezando a oscurecer, se sentía la altura ( estábamos alrededor de los 4.000 msnm) y el frío ya estaba invadiéndome. No le transmití nada de esto a Ricky (aunque yo sé que el se estaba sintiendo igual). En estas ocasiones siempre nos damos apoyo moral mutuamente, yo le digo a Ricky que todo va a estar bien y el me dice a mi lo mismo, eso nos hace sentirnos más tranquilos (o por lo menos a mi).

Colectivo Yungay – Cebollapampa.

Eran las 6pm, el conductor nos dejó en la carretera y nos indicó por dónde tendríamos que caminar para llegar a Cebollapampa, el campamento base. Ya la lluvia había cesado un poco, sin embargo, cada vez estaba más y más oscuro. Caminamos lo más rápido posible para llegar a nuestro destino final, no queríamos armar la carpa de noche.

Llegamos y no tuvimos mucho tiempo para reconocer el terreno, vimos una caseta así que supusimos que allí era el campamento, armamos la carpa y cuando terminamos de poner las últimas estacas finalmente oscureció.

Campamento Cebollapampa, Parque Nacional Huascarán (al día siguiente)

Allí estábamos Ricky y yo, cada vez hacía más y más frío. La altura te vuelve muy lento, todo lo haces a pasos de tortuga, te cansas más fácil y sientes a veces que te falta el aliento (siempre he dicho que yo soy otra cuando estoy a más de 3.500msnm).

Preparamos la comida, unos ricos sánduches con Doritos, y mientras comíamos, escuchamos unas voces y vimos unas linternas a lo lejos. Parecían dos personas, pasaron muy rápido. Intentamos gritarles y no respondieron. Por dentro estaba muerta del susto, ¿Quiénes eran? ¿Por qué estaban corriendo? ¿Por qué no saludaron? ¿Será que vieron un animal y por eso corrían? Bueno y mil preguntas más que se quedaron sin responder.

Era una noche nublada, ya estaba haciendo mucho frío así que decidimos acostarnos. Nunca había dormido con tanta ropa, esto es lo que tenía puesto: una camiseta térmica, dos pantalones, dos camisetas, dos sacos, dos chaquetas, guantes y gorro, no era capaz ni de doblar las articulaciones. Esta fue la vez que más frío he sentido en mi vida (y no, no estoy siendo exagerada).

No les voy a decir que pasé una noche increíble porque les estaría mintiendo, a eso de la 1am me dio mal de altura (o eso creo yo), me sentía mareada, con ganas de vomitar y con muchísimo frío. Ricky, en medio del frío, intentaba consolarme.

La mejor sensación después de una mala noche es ver los primeros rayitos de sol. Nos esperaba una intensa caminata de 7km con todo el equipaje de camping al hombro. Desayunamos, recogimos la carpa y empezamos a caminar. Nuestra idea era llegar antes de que llegaran todos los tours (los cuales empiezan a caminar a eso de las 9 o 10am) así que a las 7:30am ya habíamos dado nuestros primeros pasos.

Caminata Laguna 69, Perú

La vista es increíble, de fondo tienes el Huascarán, el nevado más alto del Perú ubicado en la cordillera blanca. Puedes ver venados (que de hecho uno casi me salta encima), vizcachas (similares a los conejos), vacas, entre otros animales.

A medida que vas subiendo algunos metros vas sintiendo que te falta más y más el oxígeno, sientes que el cansancio te invade. Para mí fue fundamental respirar despacio y profundo, siempre pensando en la inmensa recompensa que sería poder ver la Laguna 69. El kilómetro más difícil fue el último, debíamos terminar de subir hasta los 4.600msnm. Allí vi cómo algunas personas se nos pasaron. La verdad no me importó, sólo quería llegar, así fuese de última.

Después de 4 horas de caminata llegamos a la Laguna 69, fuimos los terceros en llegar (hay algunas personas que son montañistas por excelencia y pueden hacer esta caminata en menos de dos horas, yo no soy una de esas, además teníamos mucho equipaje encima).

Laguna 69, Parque Nacional Huascarán, Perú

Cuando llegas sientes una energía increíble, una laguna color azul turquesa te nubla la vista. El olor a frío, nieve y viento te hacen sentir vivo. El agua naciendo de las montañas te convierte en cómplice del poder de la naturaleza. Todo es perfecto, se te olvida hasta el cansancio y la falta de oxígeno.

Nos quedamos contemplando el paisaje durante 2 horas, almorzamos, nos tomamos fotos, dormimos, volvimos a ver el paisaje.

Sabíamos que era hora de volver, no teníamos forma de salir del parque por cuenta propia así que le pedimos a un guía (de esos que acompañan a los tours) si nos podría abrir un espacio en el bus de los turistas que iban camino hacia Huaraz, y así fue.

Esta experiencia me reafirmó que los mejores planes son los que se improvisan, los que no se planean tanto, los que se hacen sin tours, los que se hacen con muchas ganas y actitud. Y que lo único que se necesita para pasarla bien es un buen paisaje y una buena compañía (bueno y en este caso muchos abrigos y chaquetas).

Posdata: para todos los curiosos, la diarrea viajera se desapareció después de esta aventura, no volví a tomar agua sin filtrar en Perú y no me volvió a dar ningún tipo de malestar, así que supongo que al final si fue eso, una intoxicación por la calidad del agua. El pie también logró recuperarse del todo, después de esta aventura vinieron muchas otras caminatas más.

Laguna 69

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Estamos en una sociedad que celebra la adicción al trabajo, “WOW, que persona tan trabajadora, siempre llega antes de las 8am”, “pídele eso a fulano que trabaja muy bien y te lo hace hoy mismo”, “fulano se quedó trabajando hasta tarde ayer, trabaja duro el hombre”.

Estamos en una sociedad que te mira raro si eres el primero que se levanta del puesto de trabajo para irse a casa, como si estuvieras robando algo.

Estamos en una sociedad que prioriza los logros laborales sobre los personales. Ahora “tengo un máster, debo ir a clase a las 6pm” se vuelve más importante que “soy mamá, debo ir a casa a las 6pm”.

Estamos en una sociedad que, ante la pregunta, ¿Cómo estás? Responde: con mucho trabajo, haciendo un diplomado y pagando la última cuota de mi apartamento. La respuesta debería ser: feliz, tranquila, agradecida y con sueños por cumplir.

Estamos en una sociedad que sigue preguntando el apellido, que sigue preguntando de qué universidad saliste, donde vives, qué vistes.

Estamos en una sociedad en donde más de la mitad esta consumida por un ritmo citadino anormal. La ciudad los consume, nos consume. Ya dejas de hacer las cosas por gusto, o a conciencia, las haces en piloto automático.

El mensaje que más recibo es: “cuanto me hubiera gustado hacer eso” “están cumpliendo mi sueño”. Hoy te digo: TUS SUEÑOS los cumples TÚ. Nunca, pero NUNCA, hay que quedarse con las ganas de hacer algo. La vida es MUY CORTA para que cosas como: el puesto de trabajo, un máster, un apartamento o un carro sean las que te definan.

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